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El tarot es una baraja de naipes que a
menudo es usada como supuesto medio de adivinación de
hechos presentes, pasados o futuros, por lo que
constituiría un tipo de cartomancia.
Sus orígenes datan al menos del siglo XIV, no teniendo
fundamento llevar sus raíces más atrás en la historia.
La técnica "adivinatoria", que recién se inició a fines
del siglo XVIII y comienzos del XIX, se basa en la
selección de cartas de una baraja especialmente dedicada
a este arte que es realizada por un supuesto experto
que, a continuación, interpreta el sentido de las cartas
en relación con el futuro del consultante.
La baraja de tarot está compuesta por 78
cartas, divididas en Arcanos mayores y menores. Arcano
proviene del latín arcanum, que significa misterio o
secreto.
Las cartas de los Arcanos Mayores, 22 en total, son:
1. El Mago
2. La Sacerdotisa
3. La Emperatriz
4. El Emperador
5. El Sumo Sacerdote
6. El Enamorado. En otros textos se maneja como "Los
Enamorados"
7. El Carro
8. La Justicia
9. El Ermitaño
10. La Rueda de la Fortuna
11. La Fuerza
12. El Colgado
13. La Muerte (Que aparece sin nombre)
14. La Templanza
15. El Diablo
16. La Casa de Dios (La Torre)
17. La Estrella
18. La Luna
19. El Sol
20. El Juicio
21. El Mundo
22. El Loco
Esta última es la única que no está numerada (aunque
erróneamente sea nombrada como número 22 o el cero).
Los Arcanos menores son 56 cartas divididas
equitativamente en cuatro palos: espadas, copas, bastos
y oros, como en la baraja española, pero con una ligera
variación: cartas numeradas del As (1) al diez, más los
personajes de la corte: Sota, Reina, Rey y Caballero.
Etteilla hace un descubrimiento al respecto del número
78 el cual considera como la suma teosófica de los doce
primeros números.(1+2+3+4+5+6+7+8+9+10+11+12)
Recién a fines del siglo XVIII y
comienzos del XIX las cartas del tarot fueron asociadas
con el misticismo y la magia. La tradición comenzó en
1781, cuando Antoine Court de Gébelin, un clérigo suizo
y francmasón, publicó "Le Monde Primitif", un estudio
especulativo sobre el simbolismo religioso antiguo y sus
remanentes en el mundo moderno. De Gébelin argumentaba
que el simbolismo del Tarot de Marsella representaba los
misterios de Isis y Thoth. Gébelin más tarde afirmó que
el nombre "tarot" venía de las palabras egipcias "tar",
que significa "real" y "ro", que significa "camino", y
que el tarot por lo tanto representaba un "camino real"
a la sabiduría.
Gébelin arguyó estos y similares puntos de vista en
forma dogmática; no presentó evidencias para sostener
sus argumentos. Además, Gébelin escribió antes de que
Champollion hubiera descifrado los jeroglíficos
egipcios. Los modernos egiptólogos nada encontraron en
el lenguaje egipcio que sustentara las fantasiosas
etimologías de Gébelin, pero estos descubrimientos
llegaron demasiado tarde. Cuando se dispuso de los
auténticos textos egipcios, ya estaba firmemente
establecida la identificación de las cartas del tarot
con el "Libro de Thoth" egipcio en la práctica
ocultista.
Aunque las cartas del tarot se usaban para predecir la
fortuna en Bolonia, en el siglo XVIII, fueron publicadas
originalmente como un método de adivinación por
Jean-Baptiste Alliette, también llamado "Etteilla", un
ocultista francés que revirtió las letras de su nombre y
trabajó como adivino poco antes de la revolución
Francesa. Etteilla diseñó el primer mazo de tarot
esotérico, añadiendo atribuciones astrológicas y motivos
"egipcios" a varias cartas, alterando muchos de los
diseños marselleses, y añadiendo significados
adivinatorios en el texto de las cartas. Los mazos de
Etteilla, aunque ahora eclipsados por los ilustrados de
Smith y Waite y el mazo "Thoth" de Aleister Crowley, aún
se encuentra disponible.
Más tarde, mademoiselle Marie-Anne Le Normand popularizó
la adivinación y la profecía durante el reinado de
Napoleón I. Esto se debió en parte a la influencia que
tuvo sobre Joséphine de Beauharnais, la primera esposa
de Napoleón. Sin embargo ésta no usaba el tarot
habitualmente.
El interés en el tarot para la adivinación a cargo de
otros ocultistas llegó después, durante el auge de los
Herméticos, de la década de 1840, en la cual ( entre
otros) estuvo involucrado Victor Hugo. La idea de las
cartas como clave mística fue desarrollada
posteriormente por Eliphas Lévi y pasó al mundo de habla
inglesa por la Orden Hermética del Alba Dorada. Lévi, y
no Etteilla, es considerado por algunos el verdadero
fundador de las escuelas más contemporáneas de Tarot; su
"Dogme et Ritual de la Haute Magie" de 1854 introdujo
una interpretación de las cartas que las relacionaba con
la Cábala. Mientras Lévi aceptó las afirmaciones de
Court de Gébelin sobre un origen egipcio de los símbolos
de las cartas, rechazó las innovaciones de Eteilla y su
mazo alterado y arregló en su lugar un sistema que
relacionaba al tarot, especialmente al tarot de Marsella
con la cábala y con los cuatro elementos de la alquimia.
Por otro lado, algunos significados adivinatorios de
Etteilla todavía son usados por algunos lectores de
tarot.
El tarot sigue constituyendo un medio de
adivinación usado extensivamente en las sociedades
desarrolladas, normalmente bajo la forma de consultas
personales, telefónicas y por internet donde el tarot se
sincretiza con otras creencias y tradiciones como la
astrología o la numerología. Sólo en España el
esoterismo mueve cientos de millones de euros al año, y
dentro del mismo el tarot es el elemento más visible y
comercial.
La lectura del tarot se enmarca en la
creencia de que las cartas pueden ser usadas para
comprender situaciones actuales y futuras del sujeto (o
cliente). Algunos creen que las cartas son guiadas por
una fuerza espiritual como guía, mientras otros creen
que las cartas los ayudan en introducirse a un
inconsciente colectivo. Uno de los métodos más
utilizados son las tiradas
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